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jueves, 27 de marzo de 2025

DOS NOVELETAS DE UN PINTOR

 

En el libro Dos noveletas de un pintor, Marcos Límenes cruza fronteras de lenguajes
 
Periódico La Jornada
Domingo 26 de enero de 2025, p. 4

Me gusta cruzar fronteras de lenguajes, reconoce el artista Marcos Límenes (Ciudad de México, 1957), quien se desenvuelve tanto en la pintura y la instalación, como en la televisión, la escenografía teatral y el diseño de museos. Ahora, acaba de ver la luz su esfuerzo literario más reciente: Dos noveletas de un pintor: Inversión térmica y Antes de la batalla (Ediciones Odradek). Ambos libros tienen gráficas que no ilustran el texto, sino que abren senderos transversales en la narración.

Límenes puntualiza: Mi trabajo pictórico siempre ha tenido un elemento narrativo. Estoy consciente de que en la pintura hay que contenerse, no ser demasiado descriptivo y pasar a la ilustración. Cruzar esta frontera hacia la escritura combinada con la gráfica me da ciertas libertades. Exploro, investigo y experimento al igual que hago en la pintura, pero siempre manteniendo estos vasos comunicantes.

Escribir y publicar, no obstante, constituye un reto para el artista. De allí el título que sirve para “escudarme frente a todos mis amigos escritores y poder defenderme al decir: ‘oigan, nada más soy un pintor. No me juzguen con demasiada severidad en cuanto a técnica literaria’”. Egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ahora Facultad de Artes y Diseño) y de la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París, donde se especializó en grabado, Límenes no tiene formación de escritor.

Si el artista empleó el término noveleta para referirse al par de libros en cuestión, es porque están entre un cuento largo y una novela, también larga. Me topé con el término y lo adopté de inmediato con el objeto de hacer un volumen más consistente. Antes de la batalla, que aborda el origen de su apellido, fue escrita hace 15 años.

Inversión térmica está planteada como un road movie al estilo del director alemán Wim Wenders. Es decir, sabes dónde empiezas, pero no dónde vas a terminar. El tema nació de un viaje al balnerario Ixtapan de la Sal, que Límenes conoció de niño, hace 50 años. Fue sacudida de nostalgia y fantasía, porque uno trastoca los hechos reales en la memoria. Regresé a casa muy motivado por esta experiencia y retomé el teclado de la computadora.

Para esta noveleta, Límenes creó un balneario de aguas termales al que llamó Salmuera. Inversión térmica empieza como thriller, con el hallazgo de un muerto. “A medida que avanzo en esta road movie aparece una performancera que en algún momento de la lectura se pone a discutir conmigo desde un punto de vista feminista. Hago también referencias a novelas y películas que tienen aguas termales o balnearios de sanación, como la Montaña mágica, de Thomas Mann, y cintas de Tarkovsky y Antonioni. Todo este universo, pero transportado a un lugar en el centro de México”.

Su primer libro, La serpiente roja, publicado en 2008, aborda una enfermedad que tuve en la piel. También combina texto y dibujo. Siguieron Bitácora de vuelo (2011), que es más una videonarración, y Antes de la batalla (2014), que ahora retoma. En tanto, Vestidos bajando por la escalera (2015) es un guiño a Marcel Duchamp. Éste sólo se puede ver en forma digital, porque la narración se alterna entre palabra, dibujo y video. Escribir sirve a Límenes para expresar lo que busca evitar en la pintura: volverse narrativo y contar historias.

Si La serpiente roja se refirió a una situación personal, los subsecuentes libros son ficción, aunque “siempre incluí elementos personales que uno trata de disfrazar lo mejor posible. A esa ficción se suman cosas que uno lee, conversaciones e información de los noticieros. Mientras escribía Inversión térmica me tocó el ataque de Hamas, el 7 de octubre de 2023, luego el inicio de lo que se ha convertido en un genocidio en Gaza: de pronto, esto entró en la noveleta”.

 

 

https://www.jornada.com.mx/2025/01/26/cultura/a04n1cul

martes, 6 de enero de 2009

Artículo aparecido en LA JORNADA 27/nov/2008

ANGEL VARGAS

TRANSFORMA MARCOS LÍMENES EN UN LIBRO SU PADECIMIENTO DE UNA RARA ENFERMEDAD

■ La serpiente roja es la crónica de los cambios físicos y emocionales que ha sufrido por el mal
■ Para evitar caer en un “drama lacrimógeno”, el autor optó por el “humor cáustico”, asegura

Una enfermedad, por paradójico que parezca, puede ser el mejor vehículo para aproximarse y entender muchos aspectos de la vida que de otra manera pasarían desapercibidos o parecerían insignificantes.
Esta circunstancia se ve acentuada cuando el origen del padecimiento es desconocido y/o se tiene poca información sobre él, y entonces la idea y el temor de morir se hacen más palpables, descarnadamente cercanos.
Testimonio de ello lo brinda el artista plástico Marcos Límenes en su libro La serpiente roja (Cuadernos de Quirón), una suerte de diario en el que documenta de forma literaria y pictórica los cambios que ha debido enfrentar en su vida personal y familiar a raíz de que hace cinco años le irrumpió una rara enfermedad de la piel, denominada pitiriasis rubra pilaris.
Extraña en tanto que nadie conoce sus orígenes y también por sus síntomas, que, grosso modo, consisten en resequedad excesiva, descamamiento, irritación e inflamación, además de comezón, ardor y erupciones.
Provocado por una exagerada producción de queratina en las células de la epidermis, aunque nadie sabe las causas, según precisa el creador, este trastorno representa “un cambio de piel tres o cuatro veces al día, cuando el proceso en una persona normal requiere casi un mes y pasa totalmente desapercibido”.
La elaboración de dicho libro –el cual será presentado hoy a las 19 horas en la galería Arte Mexicano (Rafael Rebollar 43, colonia San Miguel Chapultepec)– responde a un afán del artista por divulgar en qué consiste su padecimiento, pero sobre todo, sensibilizar sobre cómo cualquier enfermedad puede cambiar radicalmente la vida y la forma en que ésta es apreciada y asumida.
En entrevista, Marcos Límenes señala que es una tarea sumamente difícil, por el peligro de terminar provocando compasión o de hacer “un drama lacrimógeno”, y explica que ante ello optó por “el humor cáustico, quemante, como lo es la propia enfermedad”, en el momento de registrar e interpretar su situación, fuese por medio del pincel o la pluma.
“También me pitorreo un poco del mundo médico, de la supuesta autoridad y la arrogancia y ligereza con la que los especialistas abordan en ocasiones las enfermedades y al enfermo. En mi caso, por ejemplo, llegué arrastrándome al consultorio y el doctor me dijo que tenía mucha suerte porque lo mío no era cáncer”, relata.
“Uno de los aspectos que trato de echar abajo con el libro es esta idea de la enfermedad como una fatalidad ligada a una palabra, como el cáncer. A uno le dicen que padece cáncer y sabe que está todo acabado.”
También museógrafo y conductor de un programa de televisión en Tv UNAM, el artista rechaza que, ante su estado físico, haya buscado en el arte una catarsis o una especie de bálsamo con el cual tratar de aliviar su mal.
“No creo que el arte cure ni alivie. Lo asumo y lo ejerzo, más bien, como una experiencia vital, y por eso me niego a atribuirle cualquier posibilidad curativa o sanación en términos literales, ni para mí como creador ni para quien lo recibe como espectador”, subraya.
“No sé como lo vean otros, siempre me causa extrañeza cuando al arte se le tratan de atribuir otras cualidades, sean didácticas o de concientización social o de motivación política. Siempre escucho eso con mucha distancia, quizá porque yo lo vivo desde dentro; necesito ejercerlo para poder existir, sin importar si estoy enfermo o sano; ésa es mi condición.”
Recuperado ya de su enfermedad, después de tener que pasar por diversos doctores, una quimioterapia e incluso curanderos, Marcos Límenes finaliza: “La he librado, por lo menos hasta ahorita, y eso lo considero un golpe de suerte y un regalo.
“No es que lo que me quede de vida sea un bonus track. No había visto tan de cerca la vida hasta que me enfermé. Obviamente, ahora, cada día me despierto con otra actitud; pero como artista nada ha cambiado, siempre he vivido mi trabajo con mucha intensidad, pasión y seriedad, así es este libro, y así quiero seguir.”

jueves, 22 de mayo de 2008

Alforja. Texto de ML

Aun ignoraba que quería ser pintor cuando me dio por mirar a la gente detenidamente, groseramente. Tendría 17 o 18 años y hacía calor. En pleno salón de clases o en el comedor de la escuela fijaba mi atención en el rostro de la compañera de enfrente logrando abstraerme por completo de todo lo que ocurría a mi alrededor. Lentamente mi mirada recorría el contorno de la oreja, el cuello, la base de la nuca donde nace el cabello. Iniciado el camino ya no podía detenerme. El pequeño valle entre las dos clavículas me conducía irremediablemente a la línea virtual que separa los pechos. Podía recorrerlos en todos los sentidos pasando de uno a otro en una línea continua que solo se interrumpía cuando se posaba en el centro de cada uno de ellos, como si tuviera la certeza de haber encontrado oro bajo la delgada blusa. Podía continuar así por varios minutos, seguir descendiendo, internarme por otros senderos o bien cambiar de sujeto, mujer u hombre, hasta que alguien me pusiera el alto. Por mucho tiempo estuve convencido de la inocencia de mis paseos visuales. No entendía el porqué de los reproches de mis amigos: “ya párale, te van a dar una cachetada” y digo de mis amigos porque hasta donde puedo recordar las mujeres no se molestaban por aquellos paseos inocentes. De hecho al rememorar aquellos días creo ubicar mi posterior interés en el dibujo con modelo. Pero la verdad es que mi despertar erótico comenzó por los ojos. Mucha agua ha corrido por el río desde aquellos días; los personajes y las situaciones se confunden en la memoria. Todo esto viene a cuento porque desde hace algunas noches uno de estos rostros se me ha aparecido con insistencia. Ni siquiera sé si se trata de un hombre o una mujer, no veo un rostro sino el fino contorno de una aleta de la nariz. La piel más suave que se pueda imaginar, apenas cubierta por una pelusa que no llega a ser vello. Está iluminada por dentro: piel, sangre, aire. Una maravilla que se me escapa al abrir los ojos. Lo realmente sorprendente, ahora me doy cuenta, es que de alguna manera el ejercicio juvenil se repite en mis sueños. Ya no existe riesgo alguno ni reprimendas. En un tiempo irreal o mas bien en la realidad intemporal de un sueño, soy libre de mirar sin tapujos, de dibujar dormido el mismo paisaje, siempre fiel, mío al fin.

Entrevista aparecida en Alforja

La pintura: fuga y refugio.
Conversación con José Ángel Leyva, aparecida en alforja Revista de Poesía N° 41. Verano 2007

A partir de nuestro encuentro en la Secretaría de Cultura de la ciudad de México, donde ambos teníamos una mirada cómplice sobre políticas culturales y sobre el quehacer de los gestores culturales en la transformación de la urbe o en su descubrimiento como ente dinámico que genera cambios más allá de la voluntad de los burócratas y los políticos, advertí que, además de su talento artístico, Marcos Límenes es un hombre reflexivo y conceptual. En la curaduría que hizo en el Museo de la Ciudad de México para la exposición “Todo cabe en una cuenca” vertía su propia experiencia como habitante y originario de esta urbe (Ciudad de México, 1957) en tres ejes fundamentales: “permanencia, pertenencia e identidad” de una ciudad de ciudades, de un territorio donde el pasado no yace inerme, sino que vibra en las mismas cuerdas de una modernidad explosiva, estridente, monumental, imaginativa, que la hace tan particular y a la vez tan cosmopolita, donde lo único ilegítimo es el aburrimiento.
La presencia de esta megaurbe en su trayectoria como pintor es parte de su discurso estético. La ciudad como tal funge en su obra como fuerza recurrente que lo empuja hacia un lenguaje en el que dominan las superposiciones, los ensamblajes, la diversidad, lo aparentemente disímil en su unidad de emociones y de enigmas. La ciudad no es sólo un tema, es la lógica del cuadro. Atmósferas y escenografías conversan en un horizonte de ideas y de acciones al servicio de la necesidad expresiva, de la exigencia de la razón y el sentido atemperado.
Límenes es de esos artistas que no sólo tienen un fundamento académico en la plástica, sino que aún defienden a capa y espada la vigencia de la pintura ante la avalancha del arte conceptual y sus efectos mediáticos, siendo él mismo un artista que incursiona en la instalación, en la curaduría y en la museografía. Su formación profesional ha pasado por la academia y el contacto con grupos de creadores en la ciudad de México, París y Perú. Esta es nuestra conversación.

***

¿Cómo fue tu descubrimiento de las artes visuales y de tu vocación hacia éstas?
Durante mis años de preparatoria pretendía ser escritor. En ocasiones sueño con llegar a serlo algún día. De hecho desde hace unos años he incursionado tímidamente en ese territorio. Tengo un pequeño texto que habla precisamente del inicio de mi vocación artística.
En otros países hay una tradición más profunda en la reflexión sobre el acto creativo entre los artistas. En México eso sucede con escasa frecuencia. Ahora que confiesas ese primer impulso hacia las letras y su continuación, te pregunto ¿cuánto tuvo que ver la mirada, el ojo, y cuánto el pensamiento en la elección?
Mi decisión vino por el lado del pensamiento. Soy un pintor quizás muy intelectual. A veces lucho por permitirme pensar con los ojos y desconectar el cerebro. En segunda instancia me parece que me atrajo la sensación de que a través de la pintura se podía atrapar el tiempo, congelarlo en un instante. Una especie de fuga y refugio en un lugar seguro. En tercer lugar, y eso lo descubrí posteriormente, vi en la pintura la posibilidad de fijar una idea, producto de mi pensamiento, pero de una manera que me resultaba sorprendente. Esa aventura es suficientemente atractiva como para seguir explorando en este territorio.
Pero eso, supongo, repercute en la relación entre tu obra y tus emociones. ¿Crees que las ideas dominan sobre la forma y el color, sobre el significado de tu producto estético.
Ideas, forma y color se vuelven uno solo, indisoluble.
Este cruce entre el concepto y el instinto creador es parte de una larguísima discusión que parte desde esa división entre dionisiacos y apolíneos. ¿Crees que aún podamos hablar en esos términos? y si es así, entre ¿cuáles te colocarías?
Buen dilema. Mis cuadros reflejan la lucha entre ambas posturas, creo que a eso se debe la tensión que se respira en ellos.
Otro camino que se bifurca. Eres pintor, pero te atrae mucho el arte conceptual, la instalación. Uno tiene deseos, fantasías, pero la pasión y la determinación es lo que nos conduce a lo inevitable, ¿las artes plásticas son ese lenguaje que te colma o no del todo?
Podría serlo todo para mí. A veces me siento muy cerca de poder concentrar en ella todo. Detener, LITERALMENTE, el tiempo. Abrirlo...
Cuando dices ella, ¿te refieres a la pintura o en general a las artes plásticas o visuales?
A la pintura. Resulta que con el tiempo me he armado de un lenguaje que da salida a una voz que no deja de sorprenderme. Como tal se va limpiando poco a poco (estoy conciente de ello, lo procuro en cada cuadro), se va acercando a un acorde armónico entre lo que está allá afuera y lo que se gesta aquí adentro.
La pintura no está de moda en museos y galerías de arte moderno, aunque sigan vendiendo piezas de artistas consagrados y sobre todo muertos. Me da la impresión que no importa si es figurativa o abstracta, en general vive una crisis de modernidad que la emparenta ya con lo clásico y en esa medida se le ve como un lenguaje cerrado.
Así es. Pero esa es una decisión que han tomado los críticos y los curadores (ya hablaremos de esta nueva casta en el mundo del arte) no así los pintores. A mí me basta con el espacio determinado por un rectángulo y las herramientas tradicionales para buscar hacer un planteamiento absolutamente contemporáneo. Para mí esta es la pregunta: ¿Cómo se plantea la pintura en estos tiempos, cómo se engarza con la tradición? O bien, ¿Cómo puede uno poner todo de cabeza con un lenguaje simple y llano?
Un pintor puede disfrutar lo que hace, pero ¿está haciendo un esfuerzo auténtico por significar el mundo que le toca vivir, por expresarlo?
Creo que yo no lo hago, al menos no de manera consciente. Es decir, las reglas del juego están establecidas desde hace mucho tiempo en algo que podríamos llamar "el arte de pintar". Uno está más pendiente de esas reglas que de expresar algo directamente ligado con el mundo "real" o con una intención de significar el mundo.
Entonces volvamos a la cuestión anterior ¿te consideras sólo pintor o un artista plástico o visual?
Soy una persona inquieta, me gusta ponerme a prueba en diferentes ámbitos, pero me he dado cuenta de que siempre lo hago como pintor, aún cuando escribo. Además el destino me ha llevado a pisar diferentes territorios, porque es verdad que como pintor no he sido muy solicitado. Yo no pienso la pintura en términos de línea, luz, color... más que nada me interesa el planteamiento de un problema estético que se intenta resolver mediante la pintura. Vamos, ni siquiera se trata de un problema de índole estética. Más bien del orden de lo mecánico, a la manera de un....Picabia, por ejemplo. Se trata de una pequeña maquina de reflexión autónoma en el ámbito de la tela, o cualquier otro soporte.
En la poesía se habla de un discurso que expresa y comunica, pero puede hacerlo más en beneficio de una u otra, según sea el peso que se le da a al contenido o a la forma. ¿Habrá algo semejante en la pintura?
Me parece mejor el término expresar, uno aspira a que logre comunicar el resultado de una batalla o concierto o travesía que terminó por quedar plasmada en el cuadro, pero rara vez ocurre y uno se siente frustrado y al ratito ...va de nuevo
No obstante, en la pintura que yo conozco tuya encuentro un efecto comunicador más que expresivo. Es decir, hay una poética de tocar, de conmover con sus atmósferas y las situaciones que insinúa o expone pero también está lo otro, claro ¿Quiénes serían los artistas que pondrías como ejemplo o paradigmas de lo que pretendes como artista?
Sí, tal vez. Aspiro quizá a una pintura más fría, menos atmosférica. Una pintura de apariencia cada vez más simple, (hablando de apariencias, esa es otra vocación sometida: la de actor) que sin embargo exige una lectura más atenta que conduzca a un fondo más rico y complejo.
Va mi hit parade de artistas: Jasper Johns, Matisse, Bonard, Picabia, Munch, Piero de la Francesca, Giotto, Sigmar Polke, Anselm Kiefer, Richter (tres alemanes al hilo).
¿Cómo te ves en el contexto de los artistas de tu generación o con quienes has convivido?
Me atrae mucho el trabajo de Boris Viskin, Germán Venegas, Saúl Villa y el de Roberto Turnbull, con Gabriel Macotela he compartido buena parte de mi vida como pintor y como amigo, es un artista muy completo.
¿Qué tienen ellos que tú carezcas? Pregunto porque has dicho que no eres un pintor muy solicitado, y ellos lo son.
Soy un pintor solitario, he expuesto poco y me tardo mucho entre una y otra exposición.
Todo verdadero artista lo es, de otra forma no podría producir. Quizás no eres un activista o un buen promotor de tu obra ¿qué opinas?
Además no me he acercado a las personas que toman decisiones en el mundo del arte y para rematar creo que los pocos que han visto mi trabajo en los últimos diez años poco entienden de lo que estoy planteando.
Retornemos a la pintura. ¿Cómo la trabajas?
Adapto las técnicas a lo que necesito para resolver un cuadro. Llevo años trabajando sobre madera, triplay. Esgrafío, lijo, le pego cosas, le aplico temple de huevo, a continuación, cera de abeja y remato con óleo.
¿Y no sucede a la inversa, que el deseo de emplear ciertos materiales y soportes te conduzcan a la idea que determine el cuadro?
Me atrapaste. A veces ocurre que dentro del plan de trabajo de antemano sé que voy a usar tal o cual material. Mis cuadros se ensamblan como un rompecabezas cuya esencia es que sólo al armarse cobran sentido. De esta forma cada fragmento, por lo común, lo elaboro con una técnica distinta.
¿Un poco de collage y de ensamble?
Mas bien ensamblajes, varios cuadros dentro de uno. Varios cuadros al servicio de una sola idea.
Pero dime, Marcos, ¿por qué si tienes claridad en tu búsqueda alguna vez transitaste por una falta de motivos o motivaciones? ¿por qué producir con tantas pausas?
De eso trata esa "maquinita". No siempre tuve esta claridad. Hubo momentos, hace años, cuando empecé a desconfiar de la imagen, me preguntaba ¿para qué tanto esfuerzo de construir una imagen? Me tardé en comprender que la pintura iba más allá de la imagen, de acomodar la pintura como una manifestación poética, de reconciliarme con mi vocación primera (la de escritor) pero con el lenguaje pictórico, que se me revelaba como algo completamente nuevo.
¿Puedes explicar más sobre este descreimiento de la imagen que nos conduce a preguntarnos por la imaginación? porque recuerda que la poesía es también imagen.
Así como la pintura tuvo que modificar su noción de imagen, a fines del XIX, ante la aparición de la fotografía y dio lugar al impresionismo, expresionismo, etc., ahora nos enfrentamos a un bombardeo de imágenes por medio de la computadora, la T.V., la publicidad, lo que nos obliga (a los pintores) de nueva cuenta a poner en duda su veracidad. La pintura puede, debe, permitirnos VER, mas allá de la simple observación. La poesía se vale de imágenes, pero éstas se hallan al servicio de un fin último, que es el poema...
Como pintor, yo busco alejarme cada vez más de esos recursos mediáticos. Como dice Jacques Ellul, la verdadera revolución del siglo XXI tiene como objetivo vencer a ese ente autónomo llamado tecnología. La verdad es que para mi trabajo la internet no me puede ser de mucha ayuda.
¿Descrees de la imagen mediática pero te aferras a la pictórica?
Más bien la imagen, en mi caso, no es mas que un utensilio, y prefiero construirla a tomarla de aquí o allá.
En la concurrencia de imágenes, planos, técnicas, formas, materiales en un contexto determinado hay, según mi apreciación una veta enorme.
Pero hay que encontrar una forma de plantear esta concurrencia, con independencia de ese bombardeo de imágenes al que estamos sometidos. No voy contra la imagen en sí misma, sino contra la construcción de un imaginario basado exclusivamente en ella, en el caso de la fotografía o el video.
Estuve ayer en el Centro de Estudios e Investigación de Vlady y hallé que es un artista que hace del dibujo una herramienta fundamental y virtuosa, pero luego uno descubre que su pintura es violencia en sí misma, inconformidad que se vuelve dinámica de color que viene a romper con todo el academicismo que lo antecede. Pero es una violencia muy racional. ¿Ves algo parecido en tu trabajo? Uno siempre dice, es un buen dibujante, quizás porque de entrada es muy difícil asimilar esa violencia.
Bueno, Vlady fue un gran dibujante y pintor. Siempre figurativo cuando dibujaba y abstracto cuando pintaba (más allá de las apariencias, de la imagen). A diferencia de Vlady, yo no me dejo llevar por el cachondeo de la pintura. Soy de alguna forma un arquitecto de la pintura, me interesa la construcción y el cálculo, pero como soy pintor todo se sale de control
Y ¿tu relación con la ciudad de México? Has dedicado tiempo de tu obra a tomar la ciudad como tema.
Fue a fines de los 80 y principio de los 90
¿Cómo fue y cómo es?
En un estado totalmente contemplativo y de pasmo, sentía que me estaba ahogando junto con la ciudad, los temas urbanos dejaron de interesarme para la pintura cuando me metí con los ensamblajes. Sin embargo, la ciudad de México me sigue pareciendo muy atractiva visualmente
Es como tu pintura, un conjunto de propuestas que en apariencia poco tienen en común, pero lo tienen.
Vaya, nunca lo había pensado, pero me gusta la idea. En la Ciudad de México hay un sedimento cultural muy fuerte, un pasado prehispánico, colonial y los demás, hasta llegar a esta explosión demográfica que no puede borrarlos. Se superponen, como en estratos... o volcanes que emergen aquí o allá. Muchos de mis cuadros están planteados estratigráficamente.
¿Qué esperas de tu trabajo artístico?
Necesito más tiempo para pintar, ya no estoy tan jovencito, creo que todavía no he pintado un cuadro que me dejé mudo y a eso aspiro.
Pero estás en la madurez artística, aunque no estés tan jovencito, y estás en la dirección correcta.
Eso espero. Soy feliz cuando pinto y cuando lo comparto de esta forma con un amigo y poeta.